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¿QUÉ ES MODESTIA?

A continuación una nutrida exposición de lo que es la modestia en el catolicismo partiendo principalmente de lo expuesto por Santo Tomás de Aquino.

Hoy por hoy mucho se habla de este tema en algunos círculos, grupos y páginas católicas; esto, lejos de ser una alegría, a veces se convierte en un dolor de cabeza cuando quienes hablan creen hablar en nombre de la Iglesia y terminan afirmando algo que la Iglesia nunca enseñó. En el peor de los casos, reducen la modestia al uso de alguna prenda o forma de vestir, y como sabemos, los reduccionismos siempre terminan por atentar contra la verdad. Es por eso que definiremos este tema partiendo de lo enseñado por la Iglesia y de lo desarrollado por el Doctor Angélico: Santo Tomás de Aquino.

Puntualicemos lo más importante, que luego iremos desarrollando, respecto a la virtud de la modestia:

  • Es una virtud, es decir, un hábito operativo bueno.
  • Es parte potencial de la virtud cardinal templanza, su integradora, cuya función es moderar lo relacionado a la nutrición y a la generación.
  • Es una virtud derivada de la templanza porque, aunque también modera, lo hace en materias menos difíciles de controlar por la razón[1].
  • Se ocupa de los actos externos.
  • También se ocupa de los actos internos[2] que se manifiestan a través de los actos externos y que no son propiamente materia de la templanza.
  • Partes o especies que le corresponde moderar a la modestia es la humildad, la estudiosidad, la modestia en las palabras y en los hechos, la modestia en cuanto se ocupa de la compostura exterior.

¿Qué es virtud?

La persona humana, a diferencia del resto de seres dotados de sensibilidad que sólo tienen alma animal[3], posee un alma racional, cuyas potencias, privativas del ser humano, son razón y voluntad. La razón tiene por objeto la verdad, mientras que la voluntad tiene por objeto el bien. Ambas potencias son el fundamento de la libertad[4] que tiene como fin último a Dios, ya que es Sumo Bien y Suma Verdad. Podríamos decir, entonces, que un acto[5] es más o menos libre en la medida que se acerque o se aleje del bien y la verdad, en la medida que se aleje o se acerque a Dios.

La libertad implicará la posibilidad de elegir entre el bien y el mal hasta el momento en que por fin se encuentre de forma definitiva con su bien último que es Dios[6], mientras tanto las potencias racionales no podrán estar unívocamente determinadas a su fin. Y aquí es donde hace su entrada la virtud, ya que será ella la que facilitará el perfeccionamiento de dichas potencias[7] mediante la repetición habitual de actos buenos[8].

Con estas nociones básicas se puede entender mejor las siguientes definiciones de virtud:


«Virtud es una cualidad del alma que da inclinación, facilidad y prontitud para conocer y obrar el bien.»
Catecismo Mayor prescrito por San Pio X n. 856


«La virtud es una disposición habitual y firme a hacer el bien.»
Catecismo de la Iglesia Católica n. 1803


«Las virtudes humanas son actitudes firmes, disposiciones estables, perfecciones habituales del entendimiento y de la voluntad que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían nuestra conducta según la razón y la fe. Proporcionan facilidad, dominio y gozo para llevar una vida moralmente buena.»
Catecismo de la Iglesia Católica n. 1804


«La virtud es un hábito electivo que consiste en un término medio relativo a nosotros, y que está regulado por la recta razón en la forma que lo regularía el hombre verdaderamente prudente.[9]»
Ética a Nicómaco, 1106 b 36 – 1107 a 2


En síntesis, siendo que el ser humano, por su libertad, tiene la posibilidad de elegir entre el bien que lo perfecciona y el mal que le hace daño, puede ejercitarse, buscando un determinado modo de vida, mediante actos repetitivos que luego constituyen hábitos. Si estos hábitos disponen al hombre a hacer el bien se le llamará virtud, si en cambio disponen al hombre a hacer el mal se le llamará vicio. Así entonces, el hombre virtuoso es aquel que ha perfeccionado sus potencialidades dominando con su razón todos sus apetitos, es decir, es dueño de sí mismo. Este perfecto dominio se encuentra en el justo medio porque rechaza cualquier exceso o defecto.

Clasificación de las virtudes: virtudes intelectuales y morales

Las virtudes pueden dividirse en dos: intelectuales y morales. Las primeras son perfecciones del entendimiento mismo, pero no las trataremos aquí porque no están directamente relacionadas con la modestia que es nuestro tema, por eso mejor pasaremos directamente a hablar de las virtudes morales.

Las virtudes morales residen en el apetito (racional o sensitivo) y se ordenan a las buenas costumbres. Tienen por objeto inmediato y directo la honestidad de los actos humanos. Regulan toda la vida moral del hombre, poniendo orden en su entendimiento, voluntad y pasiones concupiscibles e irascibles.

Clasificación de las virtudes morales: cardinales y derivadas

Las virtudes morales son bastantes y pueden variar en número dependiendo de quién las aborde. Santo Tomás de Aquino examina más de cincuenta en la Suma Teológica, pero para lo que nos interesa aquí, podemos hacer uso de su división básica: cardinales y derivadas.

Las virtudes cardinales

Son las más importantes por ser las virtudes sobre las que gira y descansa toda la vida moral humana. Son cuatro:

  • Prudencia: dirige el entendimiento práctico en sus determinaciones.
  • Justicia: perfecciona la voluntad para dar a cada uno lo que le corresponde.
  • Fortaleza: refuerza el apetito irascible para tolerar lo desagradable y acometer lo que debe hacerse a pesar de las dificultades.
  • Templanza: modera o pone orden en el recto uso de las cosas placenteras y agradables, a ella está subordinada la modestia, por eso la abordaremos un poco más.

El moderar, aunque es algo común a todas las virtudes, en la templanza viene a significar la perfección de la facultad del apetito concupiscible que, como ya mencionamos, busca las cosas placenteras y agradables, en palabras de Santo Tomás diríamos que «se dirige a aquello que con arreglo a la valoración de los sentidos parece placentero[10]».

Así entonces, la templanza se ocuparía de las pasiones más fuertes relacionados con la nutrición y la generación[11] elevando el plano animal al plano racional. En este sentido, el sujeto propio de la templanza sería el apetito concupiscible, y su objeto las pasiones vehementes de dicho apetito[12], especialmente las referidas al tacto[13].

Si no se entiende la templanza, sería imposible luego entender la modestia, ya que esta es parte de aquella, más adelante veremos cómo se relaciona una virtud cardinal con sus partes.

Partes de las virtudes cardinales

En cada una de las cuatro virtudes cardinales se distinguen las llamadas partes integrales, subjetivas y potenciales. Téngase en cuenta que estas tres partes se les asigna a las virtudes cardinales «no según la coincidencia en el sujeto o materia sino por la coincidencia en el modo formal[14].» Con esta directriz, Santo Tomás de Aquino recogerá las virtudes relacionadas con la templanza propuestas por otros autores y los clasificará en los tres grupos ya mencionados. Los autores y las virtudes que estos estudiaron son los siguientes[15]:

  • Cicerón: continencia, clemencia y modestia
  • Macrobio: modestia, vergüenza, abstinencia, castidad, honestidad, moderación, parquedad (parsimonia), sobriedad y pudor
  • Andrónico: austeridad, continencia, humildad, simplicidad, ornato, buena ordenación y suficiencia

Además de unir las repetidas, el Aquinate asociará la mansedumbre a la clemencia, ya mencionada por Cicerón. Vayamos ahora a ver cada una de estas partes.

Las partes integrales. Son aquellas que ayudan a su virtud cardinal correspondiente en el cumplimiento de su perfección. Por ejemplo, la vergüenza[16] y la honestidad[17] son partes integrales de la virtud cardinal de la templanza, no se podría dar un acto perfectamente templado sin estas.

Las partes subjetivas o esenciales son las diferentes especies en que se subdivide la propia virtud cardinal según su materia u objeto. Por ejemplo, la virtud cardinal justicia puede subdividirse en las siguientes especies: justicia distributiva, conmutativa y legal, estas serían las partes subjetivas o esenciales de la virtud cardinal justicia. En el caso de la templanza, sus partes subjetivas serían la abstinencia, la sobriedad (que hacen referencia a los placeres de la nutrición), la castidad y el pudor[18] (que harían referencia a los placeres de la generación respecto al uso natural del sexo y respecto a otros actos complementarios, respectivamente)

Las partes potenciales son las virtudes derivadas que se asemejan a la virtud cardinal que los integra o tienen algo en común con esta, pero no se identifican completamente[19].

Las virtudes derivadas o menores

Como acabamos de ver, las virtudes derivadas o menores son las partes potenciales de las virtudes cardinales. Santo Tomás de Aquino dirá: «Llamamos partes potenciales de una virtud a las virtudes secundarias, las cuales ejercen, en materias de una menor dificultad, un papel moderador semejante al que desempeña la virtud principal en una materia principal. […] toda virtud que modere alguna materia y refrene los deseos de cualquier objeto pueda considerarse parte de la templanza como virtud asociada a ella[20]». Así entonces, virtudes como la continencia, la clemenciamansedumbre y la modestia, que son partes potenciales de la virtud cardinal templanza, se constituirían también como sus virtudes derivadas o menores. Realizarían el mismo tipo de regulación o moderación que la templanza pero en materias menos difíciles de controlar por la razón, esto no significa que la virtud cardinal sea más perfecta que sus virtudes derivadas, sino que versa sobre aspectos más fundamentales de la vida moral[21].

Campos de acción de las virtudes derivadas de la templanza

Santo Tomás en un primer momento indicará tres campos o ámbitos de acción[22] para clasificar las partes potenciales (virtudes menores o subordinadas) de la templanza en los que otras virtudes puedan compartir la moderación de la templanza. Más adelante veremos cómo varía un poco esta primera clasificación.

  1. Actos internos. A estos corresponde por ejemplo la continencia (ordena la pasión sexual), la humildad (ordena el deseo de la propia excelencia), y, por último, la mansedumbre y la clemencia (ordenan la ira que busca venganza).
  2. Actos externos. Son los moderados por la modestia.
  3. Las apetencias de cosas externas relacionadas con uno mismo. Corresponden a este tercer tipo: la parquedad o suficiencia (para no buscar lo superfluo) y la moderación o simplicidad (para no buscar cosas demasiado exquisitas). Éstas también están relacionadas con la modestia.

Virtudes subordinadas de la modestia

Hasta aquí la modestia sería una virtud subordinada de la virtud cardinal templanza que se encargaría de moderar los actos externos al alma y las apetencias de cosas externas relacionadas con uno mismo, más concretamente actitudes y comportamientos externos del cuerpo (mucho más fáciles de controlar por la razón que lo relacionado a la nutrición y la generación, materia de la templanza).

Santo Tomás consideró a bien, siguiendo a Andrónico, dividir en un primer momento la modestia en:

  • Recto orden: con el que se decidiría «qué debe hacerse y qué omitirse, qué debe llevarse a cabo y en qué orden, y perseverar firmemente en ello.[23]»
  • Ornato: atendería a la decencia en el comportamiento.
  • Austeridad: cuidaría de las relaciones con los demás hombres.

Posteriormente Santo Tomás extendería el concepto de modestia concretando con mayor precisión los campos que corresponden a cada especie de la modestia. Esta ya no se ocuparía solamente de las actitudes y comportamientos externos del cuerpo sino también de algunos actos internos ¿Cuáles? Los que se manifiestan a través de los actos externos[24], requieren autodominio y no son propiamente materia de la templanza, por ejemplo, la estudiosidad y la eutrapelia[25] ¿Cómo quedaría entonces dividida la modestia? En cuatro objetos que tienen que ser moderados:

«Uno es el movimiento del ánimo hacia alguna excelencia, al que modera la humildad. El segundo es el deseo de las cosas del conocimiento, que es moderado por la estudiosidad y que se opone a la curiosidad. El tercero se refiere a los movimientos y las acciones corporales, tratando de que se hagan con decencia y honestidad tanto cuando se trata de obrar con seriedad como en el juego. El cuarto se refiere al ornato externo, como vestidos y objetos similares[26]

Tocaría ahora abordar todo lo concerniente a las especies de la modestia, pero esto conviene abordarlo en otro artículo.


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[1] S.Th., II-II, q.160, a.2, co.

[2] Cfr. Ibid.

[3] Tener en cuenta los tres tipos de alma: vegetativa, animal o sensitiva y racional.

[4]  De allí que el Catecismo de la Iglesia Católica n. 1731 diga que «La libertad es el poder, radicado en la razón y en la voluntad, de obrar o de no obrar, de hacer esto o aquello, de ejecutar así por sí mismo acciones deliberadas.»

[5] Hay que diferenciar los actos humanos, sujetos de juicio moral por ser deliberados, de los actos del hombre que no son deliberados, como por ejemplo el crecer, el respirar, el latir del corazón, etc.

[6] Cfr. CEC n. 1732

[7] Tener presente aquel concepto clásico de potencia como aquello que no es pero puede ser. Se distingue así de acto: aquello que es.

[8] Cfr. S.Th., I-II, q.55, a.1: «La virtud designa cierta perfección de la potencia. […].Pero las potencias racionales, que son las propias del hombre, no están unívocamente determinadas a sus actos, sino que se hallan indeterminadas respecto de muchas cosas, y así son determinadas a sus actos mediante hábitos».

[9] Santo Tomás usará esta definición frecuentemente. Ver por ejemplo: In I Sententiarum, d.46, q.1; In III Sententiarum, d.33, a.3; S.Th., I-II, q.56, a.4, ad 4; q.57, a.5; q.58, a.1, ad 2; q.58, a.2, ad 4; q.64, a.1; q.65, a.1; Sententia Libri Ethicorum, II, lec. 7, n. 202; lec. 5, n. 301; lec. 7, n. 322-323; III, lec. 1, n. 382-383; lec. 5, n. 432-433; VI, lec. 2, n. 1129; lec. 10, n. 1271; X, lec. 12, n. 2119; De virtutibus in communi, a.9; a.13.

[10] M. RHONHEIMER, o.c., p. 258.

[11] Estos dos apetitos son los más fuertes que posee el hombre por corresponder a la subsistencia y a la permanencia de la especie.

[12] A partir de aquí se irán conjugando palabras como sujeto, objeto y materia y puede que se confundan. Partiendo de lo que expone en S.Th., I-II, q. 55, a.4, co, encontramos tres tipos de materia: ex qua, de la que se forma algo; circa quam, sobre la que versa algo, es decir el objeto; in qua, en la que se da o reside, es decir, el sujeto.

[13] Cfr. S.Th., II-II, q.141, a.4, co.

[14] S.Th., II-II, q.161, a.4, ad 2: «Partes principalibus virtutibus assignantur, non secundum convenientiam in subiecto vel in materia, sed secundum convenientiam in modo formali». Cfr. también: II-II, q.137, a.2, ad 1; II-II, q.157, a.3, ad 2, II-II, q.161, a.5, co. En el caso de la templanza el modo formal sería el moderar.

[15] S.Th., II-II, q.143, a.un

[16] S.Th., II-II, q.143, a.un, co: «Scilicet verecundia, per quam aliquis refugit turpitudinem temperantiae contrariam» (que hace rehuir la torpeza de actos contrarios a la templanza).

[17] Ibid: «Et honestas, per quam scilicet aliquis amat pulchritudinem temperantiae» (que nos hace amar la belleza de la templanza).

[18] Cfr. Ibid.

[19] S.Th., II-II, q.48, a.un, co: «Partes autem potentiales alicuius virtutis dicuntur virtutes adiunctae quae ordinantur ad aliquos secundarios actus vel materias, quasi non habentes totam potentiam principalis virtutis». Es decir, no poseen toda la naturaleza de la virtud principal; o como dice Rodríguez Luño: «Partes potenciales son las virtudes anejas que se ordenan a materias en las que no se cumple perfectamente la razón de la virtud principal» (A. RODRÍGUEZ-LUÑO, Ética general, Pamplona 42001, p. 225).

[20] S.Th., II-II, q.143, a.un, co

[21] Cfr. De virtutibus cardinalibus, a.1, ad 12.

[22] Cfr. S.Th., II-II, q.143, a.un, co.

[23] Ibid.: «quid sit faciendum et quid dimittendum, et quid quo ordine sit agendum, et in hoc firmum persistere».

[24] Cfr. S.Th., II-II, q.160, a.2, ad 1.

[25] Virtud propia del espíritu aristocrático que nos ubica en el justo medio entre el espíritu de relajación lúdica y el exceso en la seriedad.

[26] Cfr. S.Th., II-II, q.160, a.2, co.: «Pero para cuidar de algunos de ellos (los objetos que tienen que ser moderados por la modestia) pusieron otros algunas virtudes especiales: Andrónico puso la mansedumbre, la simplicidad, la humildad y otras semejantes, de las cuales hablamos antes (Cuestión 143). Aristóteles puso también la eutrapelia, cuya materia son los deleites del juego. Todas ellas están comprendidas bajo la modestia según Cicerón. Conforme a esto, la modestia no sólo se ocupa de las acciones exteriores, sino también de las interiores.»

Moda & Modestia

“La sociedad habla, por así decir, por el traje que ella lleva; por la vestimenta ella revela sus aspiraciones secretas y ella se sirve de los trajes, al menos en parte, para edificar o destruir su porvenir“. Papa Pio XII, Discurso De tout Coeur del 8 de Noviembre de 1957, en DP 1957 p. 664

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